En el resto de Sudamérica, hay una preocupación latente, que es la organización de los jóvenes en mafias o grupos delictuales. Esto no es un dato pequeño, ni un asunto del que nuestra sociedad esté exenta. Al contrario, con la implantación del modelo económico neoliberal y la irrupción del capital financiero, el capital productivo se encuentra en retirada. Generando cada vez menos empleos, en post de obtener una mayor productividad por medio de la tecnología y obteniendo así una disminución de costos. Dentro de ésta política, donde cada vez se hace más necesario una mayor formación, los jóvenes recién egresados de sus estudios medios, se encuentran con una enorme desventaja para encontrar un empleo. De más está decir que si lo encuentran es por un sueldo miserable, pero esto es así. Esta historia se repite en todo el continente, incluso en Estados Unidos, donde la mayoría de los jóvenes que son pobres, blancos, negros, latinos, asiáticos, se encuentran con la difícil decisión de elegir entre estudiar una carrera o trabajar. Si elige lo primero, es difícil que pueda concluirla, debido a los problemas socio económicos en que se encuentran, y si elige el segundo es difícil que después pueda perfeccionarse, por ende a los 40 años o antes estará fuera del mercado laboral.
Ante esto, el sistema encontró otro camino y se llama droga. En la cual el imperio tiene grandes intereses, cosa que es absolutamente comprobable porque de los tres frentes de conflicto directo en los que está metido dos tienen relación con drogas, en Colombia cocaína, pasta base (para los más pobres) y en Afganistán heroína, opio, amapolas. Así mismo, el país con la mayor estructura de represión y de persecución del narcotráfico tiene como principal cultivo comercial a la marihuana, calculándose su producción en
35.800 millones de dólares, muy por arriba del segundo cultivo que es el maíz por un valor de 23.000 millones de dólares.
Por eso mismo, es que la comercialización debe regularse. Poniéndose énfasis en el libre comercio de aquellas drogas que producen un menor daño, y restringiendo a aquellas que tienen mayor poder adictivo o de mala calidad.
Las drogas no son ni buenas, ni malas. Los que lucran con la adicción de otros y los que abusan de ellas sin considerar el entorno son los que generan un daño a este elemento de la naturaleza.
Este es el espectro, por eso el discurso que sostiene a la droga como un elemento dañino por si mismo o como medio de liberación de la mente, en realidad solo está vendiendo un grillete. De lo contrario pensemos libremente y fijémonos si realmente quieren que seamos libres.

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