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jueves, agosto 01, 2013

Desiguales no... divergentes

La base de toda discriminación nace de las desigualdades. Nadie me diría que esto es errado, puesto que todo el mundo sabe que no existen dos personas iguales en este mundo, así como no existen dos ciudades iguales y en definitiva no hay iguales, porque todos somos únicos. De esta manera, se le ha inculcado a las personas una formación basada en la desigualdad, donde existen escalafones, puesto que nadie puede mirar como igual a alguien cuando es diferente, sin embargo, si puedes mirar igual a alguien cuando es divergente, puesto que la divergencia surge con algo o alguien con el cual puede haber convergencia, o sea, un igual. Alguien con quien podemos coincidir, no es desigual, es diferente, es distinto. No lo podemos discriminar, porque es como nosotros pero con distinto gusto, preferencia, opción, o sea es igual que nosotros, pero es libre, porque le damos la opción de elegir. La discriminación se basa en la imposibilidad de elegir, es distinto, es superior o inferior, pero no puede ser igual porque solo es igual lo que cumple con ciertas normas sociales establecidas, mayoritariamente subjetivas. Por ejemplo, la clase media, tienen cierto nivel de ingreso, auto, propiedad, gustos, etc; Sin embargo, su origen social es diverso, y genera dentro de su estructura múltiples discriminaciones, como por ejemplo, el cara de cuico o cuica, que no es otra cosa que la persona con un origen etnico social no tradicional, inferior, origen humilde. Puesto que los cuicos tienen rasgos europeos, y la nueva clase media tiene un origen etnico más autóctono. Lo más grave de esta discriminación es que no permite una validación de un proceso de desarrollo social o cultural, puesto que de forma automática cataloga como inferior aquello que no está socialmente impuesto. Seamos claros, ha costado mucho comprender que Violeta Parra y Victor Jara son los dos grandes exponentes de la cultura chilena, que para muchos es lo más aberrante que puede existir, porque estaría demostrando que Chile es un país de una Cultura inferior, al no ser una cultura mayoritariamente europeizada, sino una cultura fuertemente latinoamericana. Esto no deja espacio para un desarrollo real y propio de lo chileno como parte de Sudamérica, esto es una forma de negarse a sí mismos la realidad y la ordinaries de querer verse como lo que no somos, ese afán por ocultar que se vive en una de las sociedades más discriminadoras del mundo, donde el homosexual mira en menos al que juega futbol, o mira en menos a la ciudad que es patrimonio de la Humanidad porque está llena de roteques, sin darse el tiempo de explorar en las profundidas de la ciudad que fascinó al mundo. Gustavo Santaolalla, el gran músico argentino, ganador de dos Oscares en Hollywood, es uno de los grandes protectores culturales de latinoamérica, cuando a un intelectual mexicano le preguntaron cuál era el músico más importante de México, no dudo en decir que era Santaolalla, y en Chile ningún seudo artista jamás le llegará a los talones porque no pueden comprender que lo único que hizo el gran músico argentino es mirar hacia lo más profundo de su tierra para encontrar sus raíces y decirle al mundo después: "Estoy muy orgulloso de haber trabajado en 'Babel', una cinta que nos ayudó a entender para qué estamos aquí" Si no aprendemos a respetarnos a nosotros mismos, no podemos esperar que otros nos respeten y eso nace desde la aceptación de uno mismo. Los grandes músicos y artistas chilenos, que han sido y son reconocidos en el mundo entero, son aquellos que se atrevieron a mirar en lo más profundo de nuestra cultura y dijeron sin vergüenzas y sin el falso orgullo que nace de la discriminación: "Yo soy parte de esta cultura, es distinta, pero es nuestra"

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